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NO APAGUÉIS EL ESPÍRITU


Apagamos El Espíritu cuando no hacemos la voluntad de Dios, toda vez que conociendo la voluntad de Dios nos negamos a hacerla apagamos El Espíritu que mora en nosotros. Antes de explicar un poco mejor este tema, aclaremos la diferencia entre contristar al Espíritu y apagar El Espíritu que son dos cosas diferentes. Contristamos al Espíritu cuando hay pecado no confesado, no reconocido pudiendo en tal caso experimentar aquello que experimento David mientras encubrió su pecado:

Salmo 32:3-4 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; 
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah

Esto que se describe en el salmo 32 es lo que experimenta todo aquel que ha contristado al Espíritu Santo. Al meditar en esa descripción que David hace respecto a cómo se sintió mientras encubrió su pecado, nos permite entender que quiere significar 1 de Juan 3: 9 cuando dice todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, lo cual no significa que este exento de pecado sino que no puede pecar impunemente sin experimentar la imperiosa necesidad de acudir a Dios en arrepentimiento y pedir por limpieza y perdón.

Ahora volvamos a lo que es Apagar El Espíritu, y para entenderlo mejor consideremos el tierno pedido que nuestro Padre nos hace de rendir nuestra vida a Él en sacrificio vivo, pues Dios mismo inspiró aquellas palabras que aparecen en Romanos 12 ¡Os ruego que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo!, es decir, el estar dispuestos a aceptar la perfecta voluntad de Dios en cada área de nuestra vida sin reserva alguna. Tal como un niño confía en su padre, así nosotros debemos creer que la voluntad de Dios es lo mejor, lo más conveniente y lo más agradable. Cuando alguien se ha rendido a Dios de esta manera puede orar sin reserva pidiendo ¡hágase tu voluntad no la mía!

Esto arroja luz de lo que realmente significa negarnos a nosotros mismos toda vez que nuestros planes se anteponen con lo que Dios nos está llamando a hacer, si en verdad nos hemos ofrecido en sacrificio vivo optaremos por hacer lo que Dios nos está mandando, y aún en el caso que nos duela tal negación trae como resultado paz, gozo, fortaleza y poder espiritual en nuestras vidas.

Rom 12:1-2 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Ahora el no tener esta actitud apaga El Espíritu, y la pregunta que surge es la siguiente ¿ante una situación así El Espíritu Santo abandona a ese redimido? de ninguna manera porque eso estaría en abierta contradicción con todo un cuerpo de verdad que claramente enseña lo contrario. Si tal pudiera ser el caso de que El Espíritu Santo eventualmente podría abandonar a un redimido ¿Dónde quedaría entonces la doctrina de la intercesión del Espíritu Santo? ¿Dónde quedaría aquella bendita promesa que El Espíritu Santo intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios? ¿Será que la intercesión del Espíritu Santo pidiendo por aquellas cosas que hacen a la perseverancia pudieran no ser contestadas? (Rom 8:26-27)

Pero además ¿Dónde quedaría la doctrina del sello del Espíritu Santo? ¿Será que Dios puede volverse atrás e incumplir el compromiso adquirido a darnos las arras del Espíritu que no es otra cosa que la garantía de que se ha de recibir el resto? (Efes 1:13-14)

EL REMEDIO BÍBLICO PARA QUIENES HAN APAGADO EL ESPÍRITU

En la epístola de Santiago en el Cap. 4 se nos describe la situación de ciertos hermanos que estaban en esa situación es decir habían apagado El Espíritu: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

Sant 4:2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Sant 4:3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Sant 4:4 ¡¡Oh almas adúlteras!! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Sant 4:5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?
Sant4:6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
Sant 4:7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
Jas 4:8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
Sant 4:9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
Sant 4:10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

Si analizamos el contexto es obvio que aquí se está dirigiendo a creyentes, porque en el versículo 5 les recuerda que El Espíritu que moraba en ellos los anhelaba celosamente, y por ese celo es que El Espíritu los estaba llevando al quebrantamiento. Dice el versículo 2 pedís y no recibís porque pedís mal para gastar en vuestros deleites, es decir, vidas desenfocadas de la perfecta voluntad de Dios, situación que inexorablemente provoca la disciplina departe de Dios hacia sus hijos. Ante una situación así todo lo que debemos hacer es humillarnos, acercarnos a Él en oración y ofrecernos en sacrificio vivo dispuestos a hacer su perfecta voluntad, y él nos promete que nos exaltará y como resultado de esto el diablo huirá de nosotros. Esto es realmente vivir en el poder del Espíritu

Conclusión: Solo podremos experimentar el poder del Espíritu Santo ofreciéndonos a Dios en sacrificio vivo, siendo diligentes en buscar permanentemente su perfecta voluntad.

Sola a Dios sea la Gloria.

Nota: Este material se puede distribuir y publicar con toda libertad siempre y cuando se respete el autor.

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